Somos GSC Petrum y creemos que el soporte forma parte del plato.

Que la materia en la que se presenta una elaboración comunica tanto como la elaboración misma.

Que un chef que cuida hasta el último detalle de su cocina merece una vajilla que haga lo mismo.

También creemos en la durabilidad como forma de respeto. En que una pieza bien hecha no necesita reemplazarse cada temporada. En que el lujo de verdad no es lo más caro, sino lo más honesto.

Por eso, trabajamos con materiales que llevan siglos aquí, con técnicas aprendidas en el taller familiar y con tiempos que no se pueden acelerar.

La mayoría de los elementos en un restaurante de alta cocina tienen una historia detrás.

Hay algo que se nota cuando entras en un restaurante gastronómico.

Todo tiene un porqué. El género, la técnica, el ritmo del servicio, la iluminación.

El chef ha tomado decisiones en cada capa de la experiencia.

Pero la vajilla, en la mayoría de los casos, llegó de un proveedor. Tiene número de referencia, stock disponible y se usa en otros 30 restaurantes del país.

Esa desconexión entre la identidad de una cocina y el objeto en el que se presenta es el problema que llevamos años resolviendo.

Porque cuando esa desconexión existe, el comensal la percibe aunque no sepa ponerle nombre. Hay algo en la experiencia que no termina de cerrar. El plato puede ser extraordinario, pero el soporte completamente anónimo. Y lo anónimo siempre resta.

No tendría por qué ser así.

Un oficio de familia aplicado a un problema concreto de la alta gastronomía.

Nuestro abuelo era cantero. Nuestro padre también. Aprendimos a su lado que el material tiene memoria, que cada bloque viene con su propio carácter y que forzarlo es un error. Hay que leerlo antes de tocarlo.

Mi hermana y yo crecimos con eso.

En algún momento nos preguntamos qué pasaría si toda esa sensibilidad hacia el material se pusiera al servicio de un chef. Si las mismas manos que trabajaban piedra para la arquitectura podían crear piezas para un menú de alta cocina.

Y podían.

Hoy fabricamos vajilla artesanal en piedra y mármol para chefs que quieren que el soporte tenga tanta identidad como su cocina.

Cada pieza se desarrolla desde cero. Escuchamos al chef, defi nimos el diseño juntos y la fabricamos en el taller. Sin stock. Sin repetición. Sin dos bloques de piedra exactamente iguales, porque la naturaleza tampoco los hace así.

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Galicia y el territorio

En Galicia existe una relación con el tiempo que cuesta explicar desde fuera. Las cosas se hacen para durar. Y esto no es una afi rmación de marketing, es la forma en que esta tierra ha construido siempre, con materiales que no caducan y una paciencia que se transmite de generación en generación.

Nuestro taller está en Cuntis, Pontevedra. Desde aquí fabricamos cada pieza y esa manera de entender el trabajo está en el ADN de GSC Petrum..

Te lo repetimos porque consideramos que es muy importante: hacemos piezas pensadas para durar décadas, con el mismo carácter y la misma presencia en mesa que el primer día.

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Los materiales

La piedra que usamos la seleccionamos bloque a bloque, atendiendo a la veta, al peso y al comportamiento que tendrá en mesa.

Cada material tiene un temperamento distinto y antes de proponer uno necesitamos entender la cocina. Qué cuenta el menú, qué quiere provocar el chef cuando llega el soporte a la mesa.

El mármol es elegante y preciso. El granito es resistente y contundente. La cuarcita es espectacular y exigente.

Cuando terminamos la pieza, la revisamos bien y comprobamos que sea exactamente lo que acordamos. Solo entonces sale del taller.

Dos hermanos, un taller y el mismo bloque de piedra con el que crecimos.

Somos César y Lorena. Nos criamos en un taller donde la piedra no era un material exótico ni un concepto de diseño: era lo que había en casa, lo que olía el lunes por la mañana, lo que dejaba polvo blanco en la ropa.

Cuando llegó el momento de decidir qué hacer con todo eso, la respuesta fue seguir. Pero con un destino distinto. Hoy llega a restaurantes, hoteles y proyectos gastronómicos en España y en mercados internacionales.

Cada pieza que llega a una cocina la hemos tocado nosotros. Cada bloque de material lo hemos elegido nosotros. Y cada chef con el que trabajamos sabe exactamente quiénes están al otro lado.

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Hay proyectos que recuerdan más que otros.

➔ El chef que quería una pieza que evocara la costa gallega.
➔ El restaurante que necesitaba algo completamente asimétrico, que nunca habíamos hecho antes.
➔ La primera vez que una pieza nuestra cruzó el Atlántico.

En nuestro taller guardamos conversaciones, bocetos en papel y fotos que nos mandan los chefs cuando el plato ya está terminado. Eso es lo que queda de cada proyecto.

Y es suficiente.

Si estás pensando en algo concreto, mándanos tus datos y nosotros te llamamos

No hace falta que tengas todo claro. Con saber qué tipo de cocina haces y qué sensación quieres generar en mesa es sufi ciente para empezar a hablar. La primera conversación no compromete a nada.

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